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martes, 25 de diciembre de 2018

✩ Confesiones de una viajera

Este es un artículo que tengo pendiente desde hace mucho tiempo. Al día de hoy se siguen acumulado más y más razones de gran peso para hacerlo, así que aquí voy. 

Hace unos días leí el post de una compañera por facebook contando una horrible experiencia que tuvo en un viaje en la casa de su host de couchsurfing. El sujeto le ofreció dinero a cambio de acostarse con él, su excusa el ver la reacción de indignación de mi compañera fue que pensó que como era latina, tal vez le podía servir la plata. Esto sucedió en Europa del norte. 

Sobre casos como estos escucho, leo y converso casi a diario. Me frustran sobre manera, me duelen y me estremecen porque he estado ahí. Por eso, en apoyo a todas esas valientes chicas que se han atrevido a hablar, he decidido contar algunas de mis historias.

Ser mujer no es fácil. Salir de tu casa a coger el bus, caminar cinco cuadras por las que tienes que aguantarte hombres, que para mi son asquerosos, diciéndote cosas, lleves o no lleves falda. Alguna vez hasta me tocaron la cola esperando el bus. Ya estoy muy cansada de eso, y quiero que cambié, así que creo que ha llegado la hora de dejar de quedarnos calladas, por eso cuando puedo también les respondo y esa respuesta es mi forma de hacer catarsis, creo que funciona, siempre quedan como sorprendidos. Es que a una le toca ponerse a educar los hijos ajenos. Sin embargo, hasta hace no mucho aguantaba esos actos de violencia cotidianos de alguna manera que ni sé cómo. Nunca me hice llamar feminista, aunque respaldaba el movimiento. Fue viajar lo que me hizo querer respirar feminista!!! 

La primera vez que sospeché que algo estaba mal fue en Ecuador en el 2012, -no se me olvida- era mi segundo viaje "sola", pero aún estaba "joven", tenía 21 años. Cuando me estaba registrando en un hostel, la dueña me dijo con cara de preocupación y en parte reproche:  "¡y está viajando solita!". La frase me quedó sonando. La verdad, en medio de mi inocencia no entendía bien que me quería decir, ¿acaso viajar es una actividad extrema? ¿solita? Yo no me sentía solita ¿acaso las personas siempre andan acompañadas?. ¿Y por qué el diminutivo? Sé que en nuestras culturas son muy comunes, pero tampoco es que fuera una niña! Confío en mi intuición y ese solita tenía mucho más implícito. Me parece que ese tipo de expresiones están reservadas para las mujeres. 

El caso es que seguí viajando: Perú, Bolivia, Paraguay, Argentina, países diferentes, misma cuestión: "niña, viajera, solita". ¡¡No, no, no!!. Las mujeres no viajan solas, las mujeres viajan con hombres o no viajan. Es porque nos corresponde a nosotras el tema de la seguridad, de la precaución y, obviamente, el cuidado de la casa. Las mujeres se quedan en la casa, así los hombres no violan, no matan, no acosan. Si esas cosas pasan, la culpa es de ella. Me costó lágrimas viéndome en mujeres viajeras asesinadas y violadas poder entender que esa pude haber sido yo, y que en este sistema, las mujeres no viajan solas. Muchas no estaban solas, pero si viajas con otra mujer, eso no cuenta. 


Pues no. Las mujeres sí viajamos y viajamos como se nos da la gana. Me encanta decirlo así, léase con todo el énfasis, es necesario. Solas, acompañadas por mujeres u hombres, en bicicleta, a pie, a dedo, jóvenes, viejas, con hijos, en fin.  Y es que viajar finalmente es ir de un lado al otro, ¿en qué clase de sociedad vivimos si las mujeres no podemos hacer eso?! 





Viajamos. Mi siguiente viaje fue acompañada, en bicicleta y por Europa. En general me sentí bastante segura, pero no faltaron cosas. Un día estábamos pedaleando por una famosa y concurrida ruta de bicicletas en Francia cuando empezamos a notar que un hombre nos perseguía, se nos adelantaba y nos esperaba y en una ocasión se estaba tocando al lado de la carretera. Fue horrible. Con mi amiga no sabíamos que hacer, tuvimos que cambiar completamente nuestros planes para poder perderlo y no arriesgarnos a quien sabe qué. 

El viaje continúo. A veces la gente se nos acercaba a hablarnos y el 99.9 de las veces era muy agradable. Un día, una pareja se nos acercó y creo que hasta nos gastaron un helado. Estábamos hablando de nuestro viaje, que por lo general causaba admiración, todo el ejercicio, lo recursivas, en fin. En esas no sé que diablos le dio entender al señor que podía tocarme la pierna para ver si estaba bien durita por tanto pedalear. Este es el tipo de cosas que se pasan por alto, que se normalizan. Yo no me sentí nada bien con un extraño tocándome y tanteandome la pierna. ¡¡Qué le pasa!! Sin embargo, no dije nada... 


Seguimos. Llegamos a Turquía, en Estambul nos hospedaron dos hombres maravillosos, pero enfáticamente nos dijeron que no podíamos viajar en bicicleta en Turquía. Una chica había sido asesinada no hace mucho y parecía que ellos estaban dispuestos a secuestrar nuestras bicicletas para que no lo hiciéramos. Así es la situación de las mujeres en Turquía. ¿Hubo más cosas? Sí, y seguro que muchas las pasamos por alto. 



Ya de regreso en Colombia, me pasó algo bien curioso con un amigo. Él me estaba contando que quería hacer un viaje en bicicleta en Europa. Yo, acabando de vivirlo, lo estaba animando a hacerlo. Pero su respuesta no fue la esperada. Él me decía que era muy difícil por el dinero, el hospedaje, en fin. Yo le insistía en que era posible, pero él insistía en que era supremamente difícil porque había que pensar en muchas cosas, que él había leido blogs y que era complicado. No obstante, el estereotipo dominante es el del hombre viajero, explorador, aventurero, sin miedo, que no se bara. Él quería hacer el mismo viaje que yo acababa de hacer, él probablemente tenía más recursos que yo para hacerlo más los privilegios de ser un hombre y además tenía mi experiencia que yo estaba dispuesta a compartir con él, pero al parecer eso para él no significaba nada, no era útil, no era un punto de referencia. Yo me sentí completamente ignorada. Nunca entendí bien lo que pasó ese día hasta que una amiga me contó que le había pasado algo muy parecido con otro hombre. Como mujeres viajeras habíamos sido ignoradas. Entre las dos tratamos de descifrar lo que sucedía y al parecer nuestras experiencias y consejos de viajes no valen. 


Dos años después, estaba viviendo en Inglaterra, trabajaba en un restaurante indio. El cocinero era de Bangladesh, siempre me pareció muy amable y respetuoso, parecía tímido y como triste. Yo siempre fui muy amable con todos los que trabajaban ahí y trataba de estar en buena actitud aunque odiara ser mesera, tal vez se me salía un poco la colombianidad y fue mal interpretado. Hacía diciembre el cocinero se iba a ver a su esposa e hijos en Bangladesh, pero el desgraciado no se pudo ir sin hacer su escena. Me acorraló en la parte de atrás del restaurante y trato de besarme. Es la cosa más desagradable que he vivido, por suerte el asqueroso paró gracias a mi forcejeo y no pasó a mayores. Cuando regresó yo ya había renunciado y nunca lo volví a ver. Desde ahí, sé que mi actitud hacía los hombres ha cambiado radicalmente. Mi curiosidad por conocer personas otras culturas, cuando se trata de hombres, está más marcada por la desconfianza y los estereotipos que por otra cosa. Obvio que quiero que eso cambie, pero primero ellos tienen que querer cambiar.


Imaginen que esto le pasa a muchas mujeres que no tienen otras opciones y no pueden renunciar. Imaginen que todas mis amigas que habían trabajado en restaurantes indios en Inglaterra vivieron situaciones similares. 


Pese a todas los pronósticos, volví a viajar sola, de nuevo en bicicleta, de nuevo en Europa. Hay que decir que Europa es posiblemente el lugar más seguro para viajar, pero no está libre de machismo... Es tan así que una cosa que me impactó fue le incapacidad de un hombre por entender que estaba viajando sola en bicicleta. Su inglés estaba bien, ese no era el problema. Paré a almorzar en sus restaurante y me empezó a hacer preguntas: de dónde era, qué hacia por ahí... en fin, yo le respondí muy sencilla y claramente lo que estaba haciendo, pero él no entendía y casi que agregaba cosas que yo nunca había dicho para poder entender, cosas como: "ah, entonces alguien te está esperando en Roeselare (la siguiente ciudad)" o "Te quedaste atrás de tus amigos". Después llegó un amigo  de él y le contó que yo estaba viajando con unos amigos, que me había quedado atrasada y que ellos me estaban esperando en el siguiente pueblo. ¡¿Qué?! Nunca llegué a comprenderlo, mi conclusión fue que el señor o no estaba bien o sencillamente no podía llegar a entender que una mujer pudiera viajar sola en bicicleta.


Más adelante encontré a un chico en Brujas, él muy amablemente se ofreció a mostrarme la ciudad. Todo iba muy bien y el chico parecía normal hasta que hizo el comentario innecesario: me empezó a hablar insistentemente de sus ahorros antes de invitarme a su casa. Una latina podría necesitarlos, pensaría. 

En Amsterdam estaba súper entusiasmada por hacer un video de la movida en bicicleta. Estaba en esas, en pleno centro de la ciudad, cuando un hombre se me acercó, yo traté de evitarlo pero no funcionó, empezó a preguntarme mi nombre y nacionalidad, le di un nombre falso y le dije que era colombiana, me empezó  a hacer proposiciones y hacerme sentir incómoda, me defendí fuertemente mientras me alejaba y me seguía gritando cosas horribles. Quedé asustada, solo me fui de ahí en mi bici y ni me dieron más ganas de grabar ningún video. 



Luego llegó la hora de viajar a India. Ya antes de viajar los comentarios eran fuertes: "¿Vas a India, quieres que te violen? Increíble pero cierto... Por fortuna, también recibí comentarios de apoyo y muchos consejos. Había miedo, pero muchas ganas. No fue fácil, realmente no es fácil viajar en India sola. Así que cuando encontraba alguien con quien viajar, era muy tranquilizante, podías dejar de tener ojos en la espalda y a los lados por un momento. 


En una sociedad tan tradicional como la india, viajar sola significan muchos ojos acusadores viéndote como si fueras lo peor, estar expuesta a que en las multitudes te toquen la cola, a que te vean como una pobre mujer que no ha logrado casarse y tener hijos, o como una mujer que está buscando marido en tierras extranjeras, y a más cosas horribles que por suerte no me sucedieron. 


Existe una estafa muy común en los restaurantes en la que afortunadamente no caí: primero te dan un menú con unos precios, a la hora de pagar te cobran mucho más de lo que costaba lo que habías pedido, tú te quejas y te muestran otro menú con los precios más altos, es ahí cuando llega la hora de hacerte respetar e insistir y si es necesario subir la voz hasta que te muestren el otro menú y lograr pagar lo que se suponía inicialmente. Siempre tuve curiosidad de saber cómo funciona esta estafa para los hombres. 

Muy a menudo sentí que los hombres indios nos ven como si fueramos unas tontas, -si, lo sé, no todos, no se puede generalizar, pero estoy hablando de lo que sentí-  no importa que hayas sido capaz de llegar hasta allá desde el otro lado del mundo, eres un ser inferior. Así que ellos ya tienen preparada una estrategia a ver si caes y te tranzas por el sueño de tener un esposo indio (jaja). Empiezan con la estrategia de querer ser amigos, aprender de tu país, tu idioma, siguen con el tema de la espiritualidad, que su guru les dijo... (sí, así de estúpidas nos creen), que bla bla bla, caminan a tu lado por cuadras y cuadras... tampoco les importa que tengas novio, ellos creen que son mejores que cualquier persona que puedas haber dejado en casa, si estás viajando es sencillamente porque no eres feliz. Y así, de intimidación en intimidación van por la vida de turista en turista, y así te vas curtiendo hasta que aprendes a alzar la voz y a espantar con las miradas. 

En la India es muy importante cuidarnos entre todas. Ya escribiré más al respecto. 



Soy viajera, he viajado muchas veces sola y confieso que tengo miedo. Confieso que no ha sido todo el tiempo fácil, confieso que he dudado tres y hasta cuatro veces antes de viajar otra vez. Confieso que cuando pienso en las veces que hice hitchhiking o que me quedé con desconocidos, pienso que tal vez hubiese sido mejor no hacerlo. Confieso que si tuviese una hija, me daría mucho miedo que viajase sola. 

Todo esto no para decirles que no viajen, todo lo contrario, es para decirles que somos capaces de superar todo esto y mucho más. ¡¡Sí podemos ser mujeres viajeras!! 


Lo encontré en facebook en mujer semilla

Dedicado a todas las chicas que nos han dejado este año #NiUnaMenos y a las que estamos #NoEstamosSolas #HermanaYoTeCreo #LoQueEsConUnaEsConTodas 





miércoles, 12 de octubre de 2016

✩ Un festival colombiano en Bélgica

En la granja en la que estaba de voluntaria conocí a Mieke, quien me contó que en el colegio de su hija iba a haber un festival colombiano. Mieke estaba super entusiasmada con la idea de que fuera al festival. De entrada no me llamaba tanto la atención asistir, pues primero pensaba que era mejor hacer cosas belgas que colombianas estando en Bélgica; segundo, Roeselare, el lugar donde sería el featival, estaba fuera de mi ruta.

Sin embargo, Mieke insistió y me contactó con Ina, la organizadora del evento, al hablar con ella me convencí de ir. Ina, de Bélgica, tiene una personalidad super bonita y lleva algunos años viviendo en Cali. Con mucho entusiasmo me explicó de qué se trataba el festival, y la idea de que fuera para mostrar un poco la cara amable de Colombia me convenció. 

Por suerte Bélgica no es tan grande, así que era posible hacer cambios en el itinerario. Además, la idea del viaje desde el principio era que fuera lento, abierto a la improvisación. Experiencias, personas y aprendizajes estàn sobre kilómetros recorridos.

Salí de Boskanter a eso de las 11am, parece imposible salir antes de esa hora. Eran màs o menos 60 kilómetros hasta Roeselare. No había una ruta dieecta, así que la primera parte del trayecto dependí en gran medida de mirar el gps en cada esquina, lo que significa perder mucho tiempo. Me tomó un buen rato llegar a Ourdenaarde que está a menos de la mitad del camino, estaba por rutas laberintosas en el campo e incluso google maps me envió a caminos que ya no existen ;-/ .



En Ourdenarde, pese a que iba un poco tarde, decidí tomar un helado y luego almorzar. Almorcé en un restaurant turco, el dueño empezó a hacerme la conversación y me preguntó sobre mi viaje, le expliqué de que se trataba pero entendió lo que quizo entender, por alguna razón asumió que alguien me esperaba en Roeselare, para él era inconceviblee que una mujer viajara sola en bicicleta. Ni intenté explicar, hay cosas que es dificil cambiar, además ya me quería ir, pues la conversación se estaba poniendo incómoda. Hay contextos en los que ser mujer tiene sus desventajas, nos ven como objetos,  sin inteligencia, como si  necesitaramos un marido... en fin, ignorando los sin sentidos, seguí mi camino.





Hasta Waregem el camino fue muy enredado, perdí mucho tiempo viendo el Gps, la cantidad de carreteras es impresionante y los trayectos eran super entrecortados. Afortunadamente luego llegué a un canal y fue perfecto, me llevó en linea recta hasta Roeselare :-). Ya muy cerca, un ciclista me empezó a hablar y me guió hasta el colegio, fue genial pues ya estaba cansada de ver tanto el GPS. Finalmente llegué a eso de las 7pm.

El festival se iba a desarrollar en un colegio de pedagogía freinet, allí me recibió John, el compañero de Ina, los dos estaban organizando el festival. Ese día ya habían muchas cosas listas, pero todavía había mucho trabajo para el día siguiente. Lo bueno era que habían muchísimxs voluntarixs, amigos de Ina que habían ido a ayudar. Eran como una familia y súper amigables, solo que casi todas las conversaciones se daban en flamenco, así que era complicado integrarme.

El viernes fue un día duro de organización, por suerte Ina y Johnn tenían todo muy bien planeado. Estuve ayudando en varias cosas: cocina, inflar bombas, decoración... y entre las tareas màs interesantes que me correspondieron estuvo el poner el letrero a la entrada de alguna manera, fue interesante porque me correspondió hacerlo con otro voluntario de Afganistán que solo hablaba afgano y flamenco, así que el reto era doble: los materiales para colgar el letrero eran limitados y nosotrxs no nos entendíamos. Lo bueno es que él resulto ser súper hàbilidoso, especialmente para trepar àrboles y hacer nudos, así que con creatividad y con lenguaje de señas logramos colgar el aviso.



Ese día se repartieron las tareas para el día siguiente, quedé en el grupo de la cocina, encargadxs de alimentar a todxs los voluntarixs. 

Llegó el día del festival y todo estaba listo. Empezó con yoga y meditación, hubo conciertos de varios típos de música, entre ellos salsa. Había comida colombiana: patacones, empanadas y arepitas, hummm!! y se desarrollaron varias actividades como clases de salsa, cine foro, yoga de la risa, una charla sobre los arhuacos con toque de gaita, exposiciones, entre otras... 







Fue un evento super bonito con Colombia como protagonista, seguro que cada uno de los asistentes se fue al menos con la idea de que Colombia no es solo drogas y Pablo Escobar. La idea de Ina, de ser un puente entre Colombia y Bélgica es inspiradora! 



Dos cosas curiosas del festival fueron, primero, tener muchos voluntarios inmigrantes de países como Afganistan, Irán, Pakistan y Siria!! Me encantó la idea de que se les invitara a integrarse con locales en este tipo de eventos. Era como si las diferencias allí no existieran, y así tiene que ser. Los chicos de Afganistan me contaron su super historia de cómo habían venido desde Afganistan hasta Bélgica caminando!!! son unos verdaderos campeones. Esas son las historias que necesitamos ver en el cine. Y la segunda cosa curiosa, fue una señora que vino desde el otro extremo de Bélgica solo para asistir al festival, pues le encanta Colombia, ya estuvo allí una vez y está ahorrando para ir de nuevo. Intercambiamos contactos para cuando vaya. 



Ese fue el festival colombiano en Bélgica. Terminé muy feliz de haber asistido y haber ayudado un poco. Esperemos que sea el primero de muchos más! 

Al día siguiente seguía hacía Brujas. 



martes, 1 de septiembre de 2015

✩ La vida normal

Después de viajar en bicicleta por tres meses, viviendo casi en libertad total, supuestamente era el momento de volver a la vida “normal”. Regresé a Bogotá, donde he vivido casi toda mi vida, traté de retomar mi vida allí, buscar un trabajo y planear el camino a seguir. Aquí un poco sobre lo que pasó:

Empecemos con eso de buscar un trabajo. Quisiera que alguien me explicara cómo funciona eso de la experiencia laboral, cómo se consigue experiencia si uno nunca encuentra trabajo... para mi por ahora es un completo misterio. A la final resultó ser misión imposible encontrar un trabajo adecuado para mi (una persona con sueños y ideales y un poquito terca). Después de tres meses buscando, después de caer en estafas, desesperarme y resignarme, decidí entrar a un call center pues era prácticamente la única opción para poder ahorrar algo de dinero para el próximo viaje (por supuesto!).

Dejando de lado todo lo que implica un call center (mano de obra barata en el tercer mundo), trabajar allí fue toda una experiencia que en general califico como positiva, no porque me haya gustado, no porque los horarios o el pago fueran buenos, no porque el abuso de la mano de obra barata en países de tercer mundo sea justa, sino por haber tenido la oportunidad de conocer una nueva realidad, la realidad laboral colombiana o del mundo. Al menos di con una empresa que tenía una "filosofía alternativa" dentro del espectro empresarial, según ellxs tratan de generar un ambiente amigable para los trabajadores de manera que seamos más productivos ("¡Súper queridxs!" (sarcasmo)), pero supongo que hay lugares peores.  En fin, considero que he sido afortunada al liberarme de la jaula mental de que lo único que vale la pena en la vida es ser una trabajadora exitosa y construir una carrera laboral, y como también tenía claro que lo que quería era ahorrar dinero para viajar, cualquier trabajo me venía bien para cumplir ese objetivo y entre más rápido empezara mejor. Así que sin muchos remordimientos y pensando siempre en mi meta pasé casi tres meses allí, tres meses trabajando casi sin descanso.

Trabajar allí me abrió los ojos, pude ver realidades que de otra manera no hubiera conocido, supe lo que es vivir en una ciudad tan grande y ser esclavx de ella. La vida en la ciudad puede ser realmente dura y con mucho drama si no se sabe conllevar adecuadamente, especialmente si estamos hablando de una ciudad tan grande como Bogotá. Empecemos por el transporte: si uno no vive cerca del lugar de trabajo es un verdadero drama, significa estar más o menos 2, 3 o incluso 4  horas de tu día en un bus (generalmente de pie y espichadx), mucho estrés, contaminación... es aquí cuando digo que puede ser un verdadero drama. Sin embargo, hay maneras de hacerlo más llevadero, en mi caso, mi amada bicicleta y el hecho de haber entrado a trabajar en un lugar cerca de mi casa me ahorraron buena parte del drama. Creo que este es un factor que hay que tener en cuenta a la hora de encontrar un trabajo, sé que muchas veces parece que no hay opción y otras muchas en verdad no la hay, pero es muy importante al menos intentar tenerlo en cuenta pues puede influir ampliamente en nuestra calidad de vida y que puede haber más importante que eso. No es saludable trabajar ocho horas y pasar tres horas transportandose, una vida así puede llegar a ser altamente depresiva.  

Continuemos con el asunto del sueldo. Es aquí donde debo reiterar infinito agradecimiento con la vida que me ha puesto en una situación privilegiada de manera que podía satisfacer mis necesidades y cumplir mis metas satisfactoriamente con ese sueldo. Los salarios realmente son muy bajos, no pensando en mi estilo de vida, pues para mi podría ser más que suficiente para pagar una habitación, comer y salir de vez en cuando ya que no tengo mayores obligaciones, pero para otras personas las cosas pueden ser mucho más complicadas y realmente me les quito el sombrero. Muchxs trabajan y estudian, otrxs tienen hijxs, tienen que pagar transporte (porque por x o y motivo no pueden usar bicicleta), colegios, arriendo y alimentación con ese mismo sueldo. ¿Cómo lo hacen? No tengo ni idea, pero tengo el presentimiento de que implica renunciar a muchas cosas y encerrarse en la monotonía. Además es un sueldo que garantiza mínimas posibilidades de progresar. Para mi significaba estar muy cansada y no poder trabajar mucho en mis proyectos personales, que realmente son más importantes, pero finalmente no pasaba de ahí, no tenía obligaciones y a la final no era más que un pequeño sacrificio para cumplir un sueño, para otros ese trabajo es casi la vida misma. 

Esos son por encima, sin mayor análisis y partiendo de mi experiencia personal algunos de los pormenores de la vida laboral en Bogotá, pero claramente al estudiar la situación con detalle uno se daría cuenta de lo complicadas son las cosas hoy en día, de las profundas fallas de este sistema para proporcionar calidad de vida y hacer las cosas más justas para todxs y de cómo las cosas tienden a empeorar. La ciudad parece absorber el alma, los sueños, ilusiones y maneras de ser, convirtiéndonos en máquinas y clasificándonos de acuerdo a los intereses del sistema. La conexión con la naturaleza se ha perdido completamente y  a nadie le importa. Y el camino de escape parece ser más espinoso. No estoy queriendo decir que haya descubierto algo nuevo, es solo mi choque con la realidad, con la vida normal a la que había estado escapando.



Lo importante de esto es que, pese a que es complicado vivir la vida normal, hubo un montón de descubrimientos, afirmaciones y aprendizajes. Me siento feliz de haber salido ilesa, con los sueños intactos y decidida a seguir buscando alternativas y a ayudar a construir nuevas para todos. Confirmé que definitivamente esa no era la vida que quiero, y que construir una alternativa no sería nada fácil, que tengo que pensar muy bien lo que quiero hacer y trabajar duro para conseguirlo. Sin embargo, también tengo claro que aún no estoy suficientemente segura de qué es lo que quiero, que tengo que conocer muchas cosas más antes de decidir lo que será el futuro, si es que en algún momento decido decidirlo. Mientras tanto quiero seguir conociendo otras maneras de ser, de vivir, otros paisajes, otras personas, otros proyectos. Seguir conociéndome, aprendiendo y probando diferentes opciones. No estoy posponiendo nada, por ahora ese es mi proyecto de vida.







domingo, 15 de febrero de 2015

✩ El llamado de los Misak

El llamado de la montaña es la reunión de eco aldeas de Colombia que se realiza cada año con el fin de dialogar sobre temáticas como educación, ecología, ancestralidad, asentamientos sustentables y crear redes. Es una minga de pensamiento y territorialidad. 

La primera vez que asistí a este evento fue en el 2013, lo mejor de haber asistido fue conocer personas que ahora son muy buenos amigos y con quienes tenemos proyectos en común. Esta vez nos pusimos de acuerdo para ir juntxs.


Felices rumbo al Llamado
El evento se desarrolló en la Universidad Misak en el departamento del Cauca al sur occidente de Colombia, en un municipio llamado Silvia cerca de Popayán, ciudad que aprovechamos para conocer en nuestro camino al Llamado. 



Popayán, ciudad blanca de Colombia
De Popayán fuimos en bus a Piendamo como a una hora de Popayán, allí tomamos otro bus para Silvia. De entrada me encantó este pueblo. Era martes, día de mercado y estaba lleno de misaks, fue super bonito el cambio de paisaje, recordar lo diverso que es este país al oír su lengua, ver sus trajes y poco a poco ir introduciéndonos en su mundo con curiosidad y profundo respeto ante las diferencias. 

Ahí tomamos un jeep que compartimos con varixs misak y que nos llevaría a la Universidad indígena. El ultimo trayecto era una corta caminata, ya sintiendo el aire fresco de una tierra cuidada con tanto amor por los misak, el sonido del río, el verde profundo y las imponentes montañas. 


Universidad Misak
Esa noche nos familiarizamos con el lugar donde estaríamos los siguientes cinco días, armamos carpa y los indígenas misak nos hicieron un refrescamiento, una especie de limpia que duró más o menos dos horas y que era fundamental para ellos ya que estaban llegando demasiadas energías a su territorio, así que había que limpiarnos y pedir permiso para estar allí, algo inimaginable para muchos occidentales y un ejemplo de su entendimiento y profundo respeto por la madre tierra.  




Al otro día empezó el llamado. Iniciamos preparando unos huecos para la minga de siembra de árboles, estuvimos trabajando solo como por una hora, pero fue suficiente para que en nos salieran ampollas en nuestras manos citadinas. Ya empezaba la vida en comunidad, eramos más de 200 personas con las que compartíamos baños, cocina, lavaplatos, zona de camping. 




En la ceremonia de apertura un representante de los misak nos habló sobre los objetivos de la Universidad, los cuales son recuperar sus principios ancestrales, sus conocimientos y modelo propio (su modelo de organización desapareció con la llegada de los invasores en la conquista), así como fortalecer su identidad cultural. Fue maravilloso saber que los misak fueron quienes dieron la idea de que el Llamado se llevara a cabo en su territorio, una muestra de su intención de acercar dos mundos y fortalecernos los unos a los otros en el cuidado de nuestra madre tierra. Esa noche se repitió el refrescamiento, nuestras energías necesitaban mucho trabajo. 


Al día siguiente se iniciaron los consejos, participé en el consejo de educación. Primero se hizo un mapeo humano, bastante útil dado que allí habíamos personas de toda Colombia (Putumayo, Cali, Medellín, Ibagué, Tabio, Bogotá…) y de todo el mundo (Brasil, España, Chile, Dinamarca, Estados Unidos, Mexico, Uruguay…). En todo consejo había participación de los misak, en nuestro consejo estaba un taita quien nos contó sobre su lucha contra los ataques externos que buscaban sacarlos de su territorio y de sus costumbres; nos contó sobre cómo la religión católica invadió sus creencias de maneras violentas para implantar las suyas como única verdad; nos contó cómo quisieron "lavarles el cerebro". Pero también nos habló de como lucharon con valentía para sobrevivir y mantenerse en su territorio hasta hoy. Los misak dieron su vida por proteger ese territorio. De ahí la importancia de la universidad misak, cuya misión es recuperar gran parte de lo que les fue quitado. 



Visitantes y el taita
En el consejo se plantearon varias preguntas, dentro de ellas parecía una preocupación principal el recuperar la conexión con la naturaleza que en muchos mundos ha perdido toda importancia. En este aspecto el taita tenía mucho que aportar, pues los misak no la han perdido pese a todas las influencias que han tenido. Nos contaba que ellxs aplican algo que denominó el "aprendizaje de acompañamiento", los niños y niñas aprenden las diferentes labores al lado de sus padres, así mismo aprenden de la interacción con la comunidad. 

Los colegios y escuelas de sus veredas, lamentablemente funcionan bajo el modelo tradicional que usa nuestro Estado, lo cual ha empezado a cambiar poco a poco y esperan eliminar completamente pues no es acorde a sus usos y costumbres, ni con su manera de entender su entorno. Esperan tener pronto sus propios profesores, aunque ya hay algunxs, esperan que se llegue a que todxs los maestros y maestras sean misak. Dificilmente se volverá al modelo originario, pero sí se avanzará en la lucha por la recuperación de sus usos y costumbres, en lugar de que se tengan que adaptar a un modelo que no es propio y que ni siquiera funciona en el contexto donde surgió.


Cada noche era mágica. El Llamado estaba llenó de artistas, los misak nos presentaban sus danzas típicas, sus grupos musicales de carranga y música andina que siempre prendían la fiesta y los demás asistentes presentaban números de malabares, canto, cuentería y teatro. 


En la segunda sesión del consejo de educación se presentaron propuestas alternativas y no tan alternativas de educación. Entre ellas la Escuela de innovación social en Chile que busca crear agentes de cambio, la universidad Gaia, el colegio Alas de Cali que trabaja con pedagogía Waldorf y conocimos una parte de la vida de los muiscas, quienes aún no dividen los aspectos de su vida como nosotros, así que se podría decir que su educación pasa en todo momento de su vida, incluso desde antes de nacer, se podría llamar "educación natural". 

Tejiendo palabra al lado del fuego

El sábado estaba destinado a la gran minga. Salimos como hacía las nueve en una marcha de silencio, que nunca fue de silencio, hacía Silvia. Allí tomaríamos una chiva que nos llevaría a otra parte del territorio misak para la gran minga de siembra de árboles. Mientras esperábamos el segundo viaje de la chiva hicimos danzas de paz en el parque :) 






La minga fue impresionante, se sembraron más de 800 árboles y todo se hizo en trabajo en equipo. Del lugar hasta donde llegaban los carros con los árboles, hasta el cauce del río donde serían sembrados había tal vez un kilómetro o más, así que se hizo una cadena de personas super grande para poder llevar los árboles hasta allí y sembrarlos. La fuerte lluvia que cayó no fue ningún impedimento para que la minga fuera un éxito. Allí estábamos, muchos mundos trabajando juntos. 

Cadena de personas
Nuestro amigo misak

El cansancio de la gran minga no fue impedimento para que esa noche hubiera una gran fiesta de despedida, de nuevo al ritmo de hermosa música andina. 


Danzas de cierre 

El evento se cerró con unas poderosas danzas de paz y una plenaria a la cual asistió el gobernador del pueblo misak, quien pese a que no podía recordar el nombre del evento nos dejó claro su interés en acercar dos mundos distintos y trabajar juntos: "esto es nuestro, también es de ustedes". Y creo que ese fue el logro más grande de este Llamado, acercar dos mundos, mostrar - ojalá al mundo- que las diferencias no son razones para generar conflicto y aislamiento, sino todo lo contrario, son razones para acercarnos, complementarnos y trabajar juntxs, así que es hora de dejar atrás el pasado y oír el Llamado de los misak que nos invitan a conocerlos y a luchar con manos unidas por lo que es nuestro. 



Creando redes
Los misak dejando huella en nuestros corazones