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martes, 25 de diciembre de 2018

✩ Confesiones de una viajera

Este es un artículo que tengo pendiente desde hace mucho tiempo. Al día de hoy se siguen acumulado más y más razones de gran peso para hacerlo, así que aquí voy. 

Hace unos días leí el post de una compañera por facebook contando una horrible experiencia que tuvo en un viaje en la casa de su host de couchsurfing. El sujeto le ofreció dinero a cambio de acostarse con él, su excusa el ver la reacción de indignación de mi compañera fue que pensó que como era latina, tal vez le podía servir la plata. Esto sucedió en Europa del norte. 

Sobre casos como estos escucho, leo y converso casi a diario. Me frustran sobre manera, me duelen y me estremecen porque he estado ahí. Por eso, en apoyo a todas esas valientes chicas que se han atrevido a hablar, he decidido contar algunas de mis historias.

Ser mujer no es fácil. Salir de tu casa a coger el bus, caminar cinco cuadras por las que tienes que aguantarte hombres, que para mi son asquerosos, diciéndote cosas, lleves o no lleves falda. Alguna vez hasta me tocaron la cola esperando el bus. Ya estoy muy cansada de eso, y quiero que cambié, así que creo que ha llegado la hora de dejar de quedarnos calladas, por eso cuando puedo también les respondo y esa respuesta es mi forma de hacer catarsis, creo que funciona, siempre quedan como sorprendidos. Es que a una le toca ponerse a educar los hijos ajenos. Sin embargo, hasta hace no mucho aguantaba esos actos de violencia cotidianos de alguna manera que ni sé cómo. Nunca me hice llamar feminista, aunque respaldaba el movimiento. Fue viajar lo que me hizo querer respirar feminista!!! 

La primera vez que sospeché que algo estaba mal fue en Ecuador en el 2012, -no se me olvida- era mi segundo viaje "sola", pero aún estaba "joven", tenía 21 años. Cuando me estaba registrando en un hostel, la dueña me dijo con cara de preocupación y en parte reproche:  "¡y está viajando solita!". La frase me quedó sonando. La verdad, en medio de mi inocencia no entendía bien que me quería decir, ¿acaso viajar es una actividad extrema? ¿solita? Yo no me sentía solita ¿acaso las personas siempre andan acompañadas?. ¿Y por qué el diminutivo? Sé que en nuestras culturas son muy comunes, pero tampoco es que fuera una niña! Confío en mi intuición y ese solita tenía mucho más implícito. Me parece que ese tipo de expresiones están reservadas para las mujeres. 

El caso es que seguí viajando: Perú, Bolivia, Paraguay, Argentina, países diferentes, misma cuestión: "niña, viajera, solita". ¡¡No, no, no!!. Las mujeres no viajan solas, las mujeres viajan con hombres o no viajan. Es porque nos corresponde a nosotras el tema de la seguridad, de la precaución y, obviamente, el cuidado de la casa. Las mujeres se quedan en la casa, así los hombres no violan, no matan, no acosan. Si esas cosas pasan, la culpa es de ella. Me costó lágrimas viéndome en mujeres viajeras asesinadas y violadas poder entender que esa pude haber sido yo, y que en este sistema, las mujeres no viajan solas. Muchas no estaban solas, pero si viajas con otra mujer, eso no cuenta. 


Pues no. Las mujeres sí viajamos y viajamos como se nos da la gana. Me encanta decirlo así, léase con todo el énfasis, es necesario. Solas, acompañadas por mujeres u hombres, en bicicleta, a pie, a dedo, jóvenes, viejas, con hijos, en fin.  Y es que viajar finalmente es ir de un lado al otro, ¿en qué clase de sociedad vivimos si las mujeres no podemos hacer eso?! 





Viajamos. Mi siguiente viaje fue acompañada, en bicicleta y por Europa. En general me sentí bastante segura, pero no faltaron cosas. Un día estábamos pedaleando por una famosa y concurrida ruta de bicicletas en Francia cuando empezamos a notar que un hombre nos perseguía, se nos adelantaba y nos esperaba y en una ocasión se estaba tocando al lado de la carretera. Fue horrible. Con mi amiga no sabíamos que hacer, tuvimos que cambiar completamente nuestros planes para poder perderlo y no arriesgarnos a quien sabe qué. 

El viaje continúo. A veces la gente se nos acercaba a hablarnos y el 99.9 de las veces era muy agradable. Un día, una pareja se nos acercó y creo que hasta nos gastaron un helado. Estábamos hablando de nuestro viaje, que por lo general causaba admiración, todo el ejercicio, lo recursivas, en fin. En esas no sé que diablos le dio entender al señor que podía tocarme la pierna para ver si estaba bien durita por tanto pedalear. Este es el tipo de cosas que se pasan por alto, que se normalizan. Yo no me sentí nada bien con un extraño tocándome y tanteandome la pierna. ¡¡Qué le pasa!! Sin embargo, no dije nada... 


Seguimos. Llegamos a Turquía, en Estambul nos hospedaron dos hombres maravillosos, pero enfáticamente nos dijeron que no podíamos viajar en bicicleta en Turquía. Una chica había sido asesinada no hace mucho y parecía que ellos estaban dispuestos a secuestrar nuestras bicicletas para que no lo hiciéramos. Así es la situación de las mujeres en Turquía. ¿Hubo más cosas? Sí, y seguro que muchas las pasamos por alto. 



Ya de regreso en Colombia, me pasó algo bien curioso con un amigo. Él me estaba contando que quería hacer un viaje en bicicleta en Europa. Yo, acabando de vivirlo, lo estaba animando a hacerlo. Pero su respuesta no fue la esperada. Él me decía que era muy difícil por el dinero, el hospedaje, en fin. Yo le insistía en que era posible, pero él insistía en que era supremamente difícil porque había que pensar en muchas cosas, que él había leido blogs y que era complicado. No obstante, el estereotipo dominante es el del hombre viajero, explorador, aventurero, sin miedo, que no se bara. Él quería hacer el mismo viaje que yo acababa de hacer, él probablemente tenía más recursos que yo para hacerlo más los privilegios de ser un hombre y además tenía mi experiencia que yo estaba dispuesta a compartir con él, pero al parecer eso para él no significaba nada, no era útil, no era un punto de referencia. Yo me sentí completamente ignorada. Nunca entendí bien lo que pasó ese día hasta que una amiga me contó que le había pasado algo muy parecido con otro hombre. Como mujeres viajeras habíamos sido ignoradas. Entre las dos tratamos de descifrar lo que sucedía y al parecer nuestras experiencias y consejos de viajes no valen. 


Dos años después, estaba viviendo en Inglaterra, trabajaba en un restaurante indio. El cocinero era de Bangladesh, siempre me pareció muy amable y respetuoso, parecía tímido y como triste. Yo siempre fui muy amable con todos los que trabajaban ahí y trataba de estar en buena actitud aunque odiara ser mesera, tal vez se me salía un poco la colombianidad y fue mal interpretado. Hacía diciembre el cocinero se iba a ver a su esposa e hijos en Bangladesh, pero el desgraciado no se pudo ir sin hacer su escena. Me acorraló en la parte de atrás del restaurante y trato de besarme. Es la cosa más desagradable que he vivido, por suerte el asqueroso paró gracias a mi forcejeo y no pasó a mayores. Cuando regresó yo ya había renunciado y nunca lo volví a ver. Desde ahí, sé que mi actitud hacía los hombres ha cambiado radicalmente. Mi curiosidad por conocer personas otras culturas, cuando se trata de hombres, está más marcada por la desconfianza y los estereotipos que por otra cosa. Obvio que quiero que eso cambie, pero primero ellos tienen que querer cambiar.


Imaginen que esto le pasa a muchas mujeres que no tienen otras opciones y no pueden renunciar. Imaginen que todas mis amigas que habían trabajado en restaurantes indios en Inglaterra vivieron situaciones similares. 


Pese a todas los pronósticos, volví a viajar sola, de nuevo en bicicleta, de nuevo en Europa. Hay que decir que Europa es posiblemente el lugar más seguro para viajar, pero no está libre de machismo... Es tan así que una cosa que me impactó fue le incapacidad de un hombre por entender que estaba viajando sola en bicicleta. Su inglés estaba bien, ese no era el problema. Paré a almorzar en sus restaurante y me empezó a hacer preguntas: de dónde era, qué hacia por ahí... en fin, yo le respondí muy sencilla y claramente lo que estaba haciendo, pero él no entendía y casi que agregaba cosas que yo nunca había dicho para poder entender, cosas como: "ah, entonces alguien te está esperando en Roeselare (la siguiente ciudad)" o "Te quedaste atrás de tus amigos". Después llegó un amigo  de él y le contó que yo estaba viajando con unos amigos, que me había quedado atrasada y que ellos me estaban esperando en el siguiente pueblo. ¡¿Qué?! Nunca llegué a comprenderlo, mi conclusión fue que el señor o no estaba bien o sencillamente no podía llegar a entender que una mujer pudiera viajar sola en bicicleta.


Más adelante encontré a un chico en Brujas, él muy amablemente se ofreció a mostrarme la ciudad. Todo iba muy bien y el chico parecía normal hasta que hizo el comentario innecesario: me empezó a hablar insistentemente de sus ahorros antes de invitarme a su casa. Una latina podría necesitarlos, pensaría. 

En Amsterdam estaba súper entusiasmada por hacer un video de la movida en bicicleta. Estaba en esas, en pleno centro de la ciudad, cuando un hombre se me acercó, yo traté de evitarlo pero no funcionó, empezó a preguntarme mi nombre y nacionalidad, le di un nombre falso y le dije que era colombiana, me empezó  a hacer proposiciones y hacerme sentir incómoda, me defendí fuertemente mientras me alejaba y me seguía gritando cosas horribles. Quedé asustada, solo me fui de ahí en mi bici y ni me dieron más ganas de grabar ningún video. 



Luego llegó la hora de viajar a India. Ya antes de viajar los comentarios eran fuertes: "¿Vas a India, quieres que te violen? Increíble pero cierto... Por fortuna, también recibí comentarios de apoyo y muchos consejos. Había miedo, pero muchas ganas. No fue fácil, realmente no es fácil viajar en India sola. Así que cuando encontraba alguien con quien viajar, era muy tranquilizante, podías dejar de tener ojos en la espalda y a los lados por un momento. 


En una sociedad tan tradicional como la india, viajar sola significan muchos ojos acusadores viéndote como si fueras lo peor, estar expuesta a que en las multitudes te toquen la cola, a que te vean como una pobre mujer que no ha logrado casarse y tener hijos, o como una mujer que está buscando marido en tierras extranjeras, y a más cosas horribles que por suerte no me sucedieron. 


Existe una estafa muy común en los restaurantes en la que afortunadamente no caí: primero te dan un menú con unos precios, a la hora de pagar te cobran mucho más de lo que costaba lo que habías pedido, tú te quejas y te muestran otro menú con los precios más altos, es ahí cuando llega la hora de hacerte respetar e insistir y si es necesario subir la voz hasta que te muestren el otro menú y lograr pagar lo que se suponía inicialmente. Siempre tuve curiosidad de saber cómo funciona esta estafa para los hombres. 

Muy a menudo sentí que los hombres indios nos ven como si fueramos unas tontas, -si, lo sé, no todos, no se puede generalizar, pero estoy hablando de lo que sentí-  no importa que hayas sido capaz de llegar hasta allá desde el otro lado del mundo, eres un ser inferior. Así que ellos ya tienen preparada una estrategia a ver si caes y te tranzas por el sueño de tener un esposo indio (jaja). Empiezan con la estrategia de querer ser amigos, aprender de tu país, tu idioma, siguen con el tema de la espiritualidad, que su guru les dijo... (sí, así de estúpidas nos creen), que bla bla bla, caminan a tu lado por cuadras y cuadras... tampoco les importa que tengas novio, ellos creen que son mejores que cualquier persona que puedas haber dejado en casa, si estás viajando es sencillamente porque no eres feliz. Y así, de intimidación en intimidación van por la vida de turista en turista, y así te vas curtiendo hasta que aprendes a alzar la voz y a espantar con las miradas. 

En la India es muy importante cuidarnos entre todas. Ya escribiré más al respecto. 



Soy viajera, he viajado muchas veces sola y confieso que tengo miedo. Confieso que no ha sido todo el tiempo fácil, confieso que he dudado tres y hasta cuatro veces antes de viajar otra vez. Confieso que cuando pienso en las veces que hice hitchhiking o que me quedé con desconocidos, pienso que tal vez hubiese sido mejor no hacerlo. Confieso que si tuviese una hija, me daría mucho miedo que viajase sola. 

Todo esto no para decirles que no viajen, todo lo contrario, es para decirles que somos capaces de superar todo esto y mucho más. ¡¡Sí podemos ser mujeres viajeras!! 


Lo encontré en facebook en mujer semilla

Dedicado a todas las chicas que nos han dejado este año #NiUnaMenos y a las que estamos #NoEstamosSolas #HermanaYoTeCreo #LoQueEsConUnaEsConTodas 





miércoles, 12 de octubre de 2016

✩ Brujas y un cambio sorpresivo

El domingo salí del colegio donde se desarrolló el festival a eso de las 12. El camino de Roeselare a Brujas fue muy fácil y rápido, casi que aburrido para mi que estoy acostumbrada a perderme cada cinco minutos. Lo único malo fue que no había caído en cuenta de que era domingo y todo iba a estar cerrado, así que llegué a Brujas casi muerta del hambre -como decimos en Colombia.


De entrada uno se encuentra con una ciudad hermosísima, llena de puentes ("Bruges" significa "puente" en español, no brujas), castillos, molinos, hermosa arquitectura, calles empedradas y ríos, ahí uno entiende por qué es tan turística.


En Brujas no tenía amigxs, warmshowers o couchsurfing, me iba a quedar en un hostel por primera vez en todo el viaje. Fue un gran error. Llegué, me instalé, salí a comer algo y caminar un poco por la ciudad. Todo iba bien hasta ahí, solo que esa noche enfrentaría un gran problema del primer mundo: pagar un hostel para descansar y no poder dormir. Toda la noche hubo ruido, gente empacando la maleta, tirando la puerta del cuarto y del baño, hablando por teléfono, moviendo los lockers que tenían rodachines y hacían un ruido tenaz, y lo peor, gente roncando. Lo màs triste de todo, es que una parte de ese ruido fue causado por unas compatriotas colombianas que no entendían que las 2am no era hora para empacar maleta, ni para hablar con el novio por teléfono. Qué vergüenza...! Lamentablemente ya había pagado dos noches, así que no había nada que hacer. Ya había oído yo que un hostel no es un buen lugar para una ciclista. Después de la noche que pasé, no quedó más que dormir en la mañana cuando, paradójicamente, todo estaba silencioso.


Al medio día, antes de explorar la ciudad fui la lavandería, allí conocí a Klaus, con quien estuve hablando por un largo rato mientras que se lavaba la ropa y quien se ofreció a mostrarme la ciudad cuando terminara de trabajar. Mientras, fui a montar bici y tuve un delicioso pic nic al lado del río. Después me encontré con mi guía. Es mucho mejor recorrer una ciudad con un local, Klaus me explicó muchas cosas sobre la arquitectura, me contó historias y costumbres de Brujas que de otra manera no hubiera conocido, fue muy interesante.





Klaus estaba muy impresionado por mi viaje, pues su idea de viajar es muy diferente a la mía, normalmente incluye buenos hoteles y un gran presupuesto, exactamente lo contrario de mi viaje, para él, acampar es algo más de personas mayores, muy contrario a como es en Colombia donde las personas mayores casi nunca van a acampar. Es interesante comparar las costumbres e ideas de cada persona. Si yo viajara como él, probablemente no podría viajar ni la mitad de lo que viajo.

Como estaba tan trasnochada me fui a dormir temprano, pero esa noche no fue mejor. Cómo extrañaba acampar!! Lo peor es que el días siguiente no podía dormir en la mañana, pues tenía que madrugar y seguir mi camino hacía los Países Bajos, un nuevo país!!! Siiiii!!!


El camino fue super fácil, casi ni necesité ver el GPS o el mapa. Ese día si de verdad no me perdí ni un poquito! Buena parte estuve pedaleando por canales y buenas ciclorutas. Hubo un momento en el que empecé a notar que todo estaba muy bien señalizado, las ciclorutas eran perfectas, habían muchísimas personas en bicicleta, noté una diferencia y me entró un presentimiento, sería que ya estaba en los Países Bajos? Pero no había visto ninguna señalización. Miré el GPS y efectivamente: ya estaba en el país de las bicicletas y se sentía genial estar ahí!!

El letrero que me hizo sospechar.

La impecable señalización para las bicis.



✩ Un festival colombiano en Bélgica

En la granja en la que estaba de voluntaria conocí a Mieke, quien me contó que en el colegio de su hija iba a haber un festival colombiano. Mieke estaba super entusiasmada con la idea de que fuera al festival. De entrada no me llamaba tanto la atención asistir, pues primero pensaba que era mejor hacer cosas belgas que colombianas estando en Bélgica; segundo, Roeselare, el lugar donde sería el featival, estaba fuera de mi ruta.

Sin embargo, Mieke insistió y me contactó con Ina, la organizadora del evento, al hablar con ella me convencí de ir. Ina, de Bélgica, tiene una personalidad super bonita y lleva algunos años viviendo en Cali. Con mucho entusiasmo me explicó de qué se trataba el festival, y la idea de que fuera para mostrar un poco la cara amable de Colombia me convenció. 

Por suerte Bélgica no es tan grande, así que era posible hacer cambios en el itinerario. Además, la idea del viaje desde el principio era que fuera lento, abierto a la improvisación. Experiencias, personas y aprendizajes estàn sobre kilómetros recorridos.

Salí de Boskanter a eso de las 11am, parece imposible salir antes de esa hora. Eran màs o menos 60 kilómetros hasta Roeselare. No había una ruta dieecta, así que la primera parte del trayecto dependí en gran medida de mirar el gps en cada esquina, lo que significa perder mucho tiempo. Me tomó un buen rato llegar a Ourdenaarde que está a menos de la mitad del camino, estaba por rutas laberintosas en el campo e incluso google maps me envió a caminos que ya no existen ;-/ .



En Ourdenarde, pese a que iba un poco tarde, decidí tomar un helado y luego almorzar. Almorcé en un restaurant turco, el dueño empezó a hacerme la conversación y me preguntó sobre mi viaje, le expliqué de que se trataba pero entendió lo que quizo entender, por alguna razón asumió que alguien me esperaba en Roeselare, para él era inconceviblee que una mujer viajara sola en bicicleta. Ni intenté explicar, hay cosas que es dificil cambiar, además ya me quería ir, pues la conversación se estaba poniendo incómoda. Hay contextos en los que ser mujer tiene sus desventajas, nos ven como objetos,  sin inteligencia, como si  necesitaramos un marido... en fin, ignorando los sin sentidos, seguí mi camino.





Hasta Waregem el camino fue muy enredado, perdí mucho tiempo viendo el Gps, la cantidad de carreteras es impresionante y los trayectos eran super entrecortados. Afortunadamente luego llegué a un canal y fue perfecto, me llevó en linea recta hasta Roeselare :-). Ya muy cerca, un ciclista me empezó a hablar y me guió hasta el colegio, fue genial pues ya estaba cansada de ver tanto el GPS. Finalmente llegué a eso de las 7pm.

El festival se iba a desarrollar en un colegio de pedagogía freinet, allí me recibió John, el compañero de Ina, los dos estaban organizando el festival. Ese día ya habían muchas cosas listas, pero todavía había mucho trabajo para el día siguiente. Lo bueno era que habían muchísimxs voluntarixs, amigos de Ina que habían ido a ayudar. Eran como una familia y súper amigables, solo que casi todas las conversaciones se daban en flamenco, así que era complicado integrarme.

El viernes fue un día duro de organización, por suerte Ina y Johnn tenían todo muy bien planeado. Estuve ayudando en varias cosas: cocina, inflar bombas, decoración... y entre las tareas màs interesantes que me correspondieron estuvo el poner el letrero a la entrada de alguna manera, fue interesante porque me correspondió hacerlo con otro voluntario de Afganistán que solo hablaba afgano y flamenco, así que el reto era doble: los materiales para colgar el letrero eran limitados y nosotrxs no nos entendíamos. Lo bueno es que él resulto ser súper hàbilidoso, especialmente para trepar àrboles y hacer nudos, así que con creatividad y con lenguaje de señas logramos colgar el aviso.



Ese día se repartieron las tareas para el día siguiente, quedé en el grupo de la cocina, encargadxs de alimentar a todxs los voluntarixs. 

Llegó el día del festival y todo estaba listo. Empezó con yoga y meditación, hubo conciertos de varios típos de música, entre ellos salsa. Había comida colombiana: patacones, empanadas y arepitas, hummm!! y se desarrollaron varias actividades como clases de salsa, cine foro, yoga de la risa, una charla sobre los arhuacos con toque de gaita, exposiciones, entre otras... 







Fue un evento super bonito con Colombia como protagonista, seguro que cada uno de los asistentes se fue al menos con la idea de que Colombia no es solo drogas y Pablo Escobar. La idea de Ina, de ser un puente entre Colombia y Bélgica es inspiradora! 



Dos cosas curiosas del festival fueron, primero, tener muchos voluntarios inmigrantes de países como Afganistan, Irán, Pakistan y Siria!! Me encantó la idea de que se les invitara a integrarse con locales en este tipo de eventos. Era como si las diferencias allí no existieran, y así tiene que ser. Los chicos de Afganistan me contaron su super historia de cómo habían venido desde Afganistan hasta Bélgica caminando!!! son unos verdaderos campeones. Esas son las historias que necesitamos ver en el cine. Y la segunda cosa curiosa, fue una señora que vino desde el otro extremo de Bélgica solo para asistir al festival, pues le encanta Colombia, ya estuvo allí una vez y está ahorrando para ir de nuevo. Intercambiamos contactos para cuando vaya. 



Ese fue el festival colombiano en Bélgica. Terminé muy feliz de haber asistido y haber ayudado un poco. Esperemos que sea el primero de muchos más! 

Al día siguiente seguía hacía Brujas. 



✩ Una granja en Bélgica

Fue triste despedirme de Trees y Erik, su compañía fue muy reconfortante después del episodio de Lila, pero había que seguir... además ya era hora de llegar a Boskanter, la granja en la que estaría de voluntaria por ocho días, tenía mucha curiosidad de llegar, fue una de las pocas cosas que planeé con anticipación antes de empezar el viaje.

El camino a Brakel se veía sencillo, solo como 49km, pero resultó ser en subida (no esperaba montañas de verdad en Bélgica) y me tomó un tiempo acostumbrarme al nuevo sistema de vías así que me perdí un montón, pero finalmente llegué. Me habían guardado pizza, ese día había sido día de hornear.


Vía Boskanter

Ine, una de las dueñas del lugar, me mostró la granja y me explicó un poco cómo funciona, me recibió muy amablemente. En la granja viven Ine y Dirk (sus dueños), sus hijas Hazel y Siena y Kuba de Polonía, quien vive en un remolque. A mi llegada estaban de voluntarixs Yavet de Francia, Lisa y su hijo Kini, Oceane de Bélgica y Lisia de los Países Bajos. En la granja hay dos casas, una para la familia y otra para lxs voluntarixs, la cocina está en la casa de voluntarixs, también hay panadería, taller, baño seco y varias secciones de huerta.


Ine preparandose para el taller de wok
El primer día, pese a que la idea era tomarlo suave, terminó siendo un poco duro, estuve removiendo excremento del caballo para ponerlo en el compost, fue difícil porque estaba muy duro, por suerte éramos tres haciéndolo, lo malo era que yo era la única tratando de hacer conversación así que fue un poco aburrido. Finalmente me rendí cuando Javet me dijo que mi bicicleta era mala y que no servía para lo que yo estaba haciendo, no sé de dónde vino eso, pero no fue algo agradable de oir para una ciclista cuyo bien más preciado es su bicicleta, en mi caso, mi Unicornio. Cosas como estas se oyen todo el tiempo cuando uno trata de hacer las cosas diferentes, solo hay que ignorar y creer en uno mismo, estoy segura de que mi Unicornio me llevará a mi destino final sin necesidad de haber gastado un montón de plata en una 'buena' bicicleta :P

Iniciábamos el día a las 8am con una reunión para planear el día y asignar tareas. A las 9am empezábamos a trabajar hasta eso de las 12am. Almorzábamos como a la una o dos, usualmente pan con cosas para untar y una ensalada, usualmente también habían muchos platos para lavar, lo que normalmente hacíamos Javet y yo. Después descansábamos por un rato y retomábamos trabajos por otras horas. Normalmente me quedaba un poco de tiempo para descansar al final del día pero a esa hora usualmente terminaba muy cansada para hacer algo ya que empezábamos a las 8am. Luego alistábamos la cena y de nuevo a lavar muchos platos. Así era un día normal. Sábados y domingos no se trabajaba. Los trabajos eran remover compost, podar el pasto con una herramienta manual que no conocía, recoger el cilantro, limpiar y subir troncos de madera del bosque, lo cual fue muy muy pesado para mi pues lo hacíamos en equipo y yo difícilmente podía seguir el ritmo. Siempre había comida deliciosa y Kuba es un gran chef. También aprendí a hacer pickles :-)

De vez en cuando Siena y Hazel ponían una tiendita para vender comida super saludable a cambio de cualquier cosa, menos dinero :) Yo intercambié con müsli que hasta ese momento no sabía que pudiera ser tan valioso, obtuve el mejor plato, y por unas hojas de laurel obtuve un ramo de flores para mi bici :)!!


Las niñas y su tienda
El domingo aproveché para ir a Bruselas en tren por un día, Anthony, el amigo de una amiga, muy amablemente se ofreció a guiarme y a llevarme de regreso a la finca. Fue una gran decisión haber ido, Bruselas es bien bonito, y aunque no pude ver mucho porque Anthony tenía un compromiso en la tarde-noche, me pude hacer una idea. En especial me gustó la plaza principal, es hermosa. También tuve la oportunidad de probar algunas de las cosas típicas de Bélgica: papas fritas, waffles y cerveza. Anthony fue una gran compañía y fue genial hablar en español de nuevo con alguien, pues su español es perfecto.


Este niño es muy famoso en Bruselas.




Al otro día continuaba la rutina en Boskanter. La mayor parte del tiempo eramos Javet, Dirk y yo, pero siempre por alguna razón habían muchos platos por lavar. El lunes es el día de hacer el pan, ellxs hacen para la casa y para vender, su pan es delicioso!!! Fue muy divertido hacerlo, nos tomó todo el día. Al final hicimos pizzas :) !!








Lo más curioso que me sucedió en Boskanter fue conocer a Mieke, quien me contó que en el colegio de su hija iba a haber un 'Festival colombiano'. El festival de entrada no llamó tanto mi atención, sin embargo Mieka insistió e incluso llamó a una de las organizadoras para que me contara de que se trataba. Ina, la persona con la que hablé por teléfono me pareció encantadora y me contó que la idea era recaudar fondos para su proyecto social en Colombia, así como mostrar la cara amable del país, ya que afuera generalmente solo se escuchan cosas malas. Ina es de Bélgica pero vive ya desde hace un tiempo en Cali con su pareja, ante sus buenas vibras decidí que mi siguiente estación serìa Roeselare para asistir al festival, estaba un poco fuera de mi camino, pero después de todo la idea del viaje era un poco ir hacía donde me llevara el viento.

Después de ocho días en Boskanter llegó el momento de partir. Por suerte el exceso de platos por lavar y el trabajo pesado con los troncos de madera hizo menos triste mi partida, definitivamente lavar platos y hacer trabajos pesados no están en la lista de las cosas que me gusta hacer. Sin embargo, siempre es triste dejar un lugar una vez uno se empieza a acostumbrar a el, además Ina y Dirk fueron muy buenos anfitriones y fue lindo pasar unos días en la tranquilidad del campo, en un lugar que se esfuerza por vivir de manera consciente, sencilla y respetuosa con el medio ambiente.


Haciendo arepas en estufa de leña.


La familia Boskanter.
Mi próxima parada sería el festival.




martes, 11 de octubre de 2016

✩ Bici robada en Lila

Después de Lila iba hacia una granja en Bélgica donde estaría de voluntaria, pero podía llegar a partir del 7, como era 3 todavía tenía algunos días por quemar, así que decidí quedarme unos días más en Lila. Le escribí a una chica de warmshowers si me podría hospedar, me respondió que no estaba en casa pero su hija me podría recibir. Fui hacía su casa y me recibió Ananda. Después de un rato fuimos a conocer la ciudad, Ananda me mostró la plaza principal, una galeria, la opera y después fuimos a un museo interáctivo. También estuvimos buscando un lugar para comprar un candado nuevo para mi bici porque el mio ya no se podía cerrar, pero no encontramos un lugar.


Lila
Entramos al museo interactivo en el que había una exposición relacionada con la luz, era interesante y habían varios experimentos en los que se podía participar y jugar con los sentidos. Nos tomó un rato recorrer la expocisión, mientras tanto mi bicicleta estaba siendo robada dentro del museo... Antes de entrar, le pedí a Ananda que aseguraramos las bicicletas, pero ella dijo que no había problema porque estabamos dentro del museo, le insistí y ella dijo que siempre dejaba su bicicleta ahí sin asegurar y nunca había pasado nada, como mi candado no servía no me quedó màs que confiar, pero confiar demasiado tampoco es bueno.

No sabìa que hacer, ni qué sentir, por suerte mis reacciones normalmenes son bastante controladas, solo hasta ahorita siento ganas de haber saltado sobre Ananda o haberle gritado: "I told you, ###****".... pero no, en ese momento me controlé hasta que ella me dijo, "no vayas a llorar que no soporto ver gente llorando". Ahí me dí cuenta de que esa era buena idea.

Pensé que antes de decidirme a armar o comprar otra bicicleta, o si tal vez seguirìa el viaje de otra manera, debía intentar recuperar a mi Unicornio <3 , al menos intentarlo. Le pedí a Ananda que me acompañara a la policía pero era obvio que ella pensaba que todo estaba perdido y dijo que no tenía sentido ir, su actitud cambió, en vez de ser solidaria, se portó desinteresada. Me ayudó a poner una denuncia online y se pusó a ver televisión. Yo insistía en ir a la policía, a veces la policìa sirve de algo... me fui sola, pero en el camino me encontré a un ángel, Nawfal, lo recordaran de la entrada anterior, era muy difícil comunicarnos pues él no habla mucho inglés y yo no hablo mucho francés, pero le logré explicar lo que me había pasado y decidió acompañarme a la policía e incluso llamó a un amigo suyo para que yo le explicara los detalles en inglés y él le pudiera explicar a Nawfal y Nawfal a la policía. Qué lindo!!!

Seguímos nuestro camino a la policía y en el camino pasó algo increíble, milagroso, inaudito, insólito, sorprendente: mi bicicleta pasó por la calle del frente, un hombre muy grande la llevaba. Cuando la ví, obviamnete pensé que mis ojos me estaban jugando una mala pasada, que todo era producto de mi imaginación, sin embargo me aseguré, tenía parrilla al frente y atrás, el cosito para poner las botellas era amarillo, largos cuernos: era Unicornio!!!!!!!!!! No podía creer la oportunidad que me estaba dando la vida. Contemplé los peligros de ir corriendo detràs de una persona que obviamene no consigue sus cosas de la mejor manera, pero las posibilidades de seguir mi viaje y recuperar a mi corsel fueron una razón más fuerte, después de todo yo no era quién había hecho algo malo, por qué temer??? así que decidí ir corriendo por Unicornio, por suerte Nawfal me acompañó.


El ladrón había parado un poco adelante y estaba ahí con varios amigos. Me dirigí directo a coger mi bicicleta, mis argumentos: "this is my bike", "give me my bike". Él obviamente no me la iba a dar al primer intento, entre confusión, risas, làgrimas y nervios, solo oía la habladuría, por un momento pensé que tal vez no había sido lo màs inteligente, que tal vez debí llamar a la policia, pero él se rindió primero y soltó la bicicleta. No lo podía creer, las piernas me temblaban y finalmente pude sonreir, nos abrazamos con Nawfal :-) Habíamos triunfado!!! Después Nawfal me explicó que él les habìa explicado en árabe, que era su lengua, que yo estaba viajando en bici y que realmente la necesitaba para seguir, el que la tenía dijo que se la había comprado a alguien hace unos minutos... en fin.




Al día siguiente salí a comprar un remplazo para accesorios que habían sido robados y un candado que no me fallara para el resto del viaje y después solo quería salir de Lila. Ananda me dio la llave del apartamento y desapareció, no la vi màs. El día que tenía que irme, pese a que la había tratado de llamar y le había enviado mensajes no apareció. No sabía dónde dejar la llave. Por suerte su mamá me respondió el teléfono y me autorizó dejarla con una vecina.

De ahí en adelante las cosas salieron bien, aunque aún me sentía insegura, nerviosa y desconfiada. Había confirmado los rumores de que hay gente mala en el mundo, (pero por suerte no me encontré a los màs malos), de que viajar en bicicleta es peligroso (pero solo si uno se separa de la bici), de que viajar en bici es exponerse a un montón de problemas (pero ninguno sin solución). Y después de aprender mi lección, la vida me mandó a un lugar maravilloso a reencontrarme con la esperanza y la fé en el mundo.


Reconciliandome con Lila


Llegando a Bélgica
Solo como a 10 km de Lila queda Bélgica y como a 30 queda Harelbeke, el lugar en el que me recuperé definitivamente del susto y me reconcilié con el mundo. Gracias a couchsurfing encontré a Trees & Erik, dos maravillosas personas que tuve la suerte de conocer en este viaje. Viven en una hermosa casa con un montón de áreas verdes, jardín e incluso un bosque, allí aplican la permacultura desde hace como 30 años, son de una generosidad y ternura infinita. Estan super interesados en saber y aprender de ti y de tu país. Las conversaciones podrían no tener fin con ellos y es inspiradora su sencillez y estilo de vida. Trees & Erik se aseguraron de atenderme y alimentarme muy muy bien (tan pronto supo que era vegetariana, Trees decidió prepararme frijoles para la cena, además de otras delicias belgas), su hogar es tan acogedor que decidí quedarme una noche màs. Cuando me fui, me fui con la certeza de que había hecho grandes amigxs y que volvería. Trees & Erik hacen que visitar Bélgica valga la pena.






La vida te sacude un poco cuando viajas :-)